Querer bien no es querer de más.
Es querer y punto.
Querer su felicidad
aunque no siempre sea la tuya.
Vivir sus defectos
y no solo creer que has llegado a conocerlos.
Es asumir que no hay nada perfecto,
ni tú,
ni él,
ni los dos;
ni el querer.
Es querer que esté bien
y saber que tú lo estarás
también.
Es aprender a esperar,
a comprender
y a disfrutar del momento,
y el lugar.
Es asumir
que aunque necesitarías tres vidas
para darlo todo
solo tienes una para demostrarlo,
y que hasta los días que pierdes
has salido ganando.
Es sonreír en su sonrisa,
llorar en sus lloros,
luchar en sus enfados,
compartir lo bueno y lo malo
y al final del día, pensar:
"lo volvería a repetir
en esta y las tres vidas que no tengo,
tanto el presente,
como el futuro
y hasta el pasado".
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