Yo también lo he sentido.
He sentido mil golpes en el corazón que venían de mi cabeza.
He escuchado los insultos que mi propia mente me gritaba.
Me he desgarrado el alma con mis propias manos.
"No eres suficiente".
"Merece mucho más".
"No vales para nada".
"Solo molestas".
Me he mirado al espejo y me he odiado,
y me he enfadado porque otros no lo hicieran.
He visto la cordura en el reflejo de mis ojos,
encerrada en una cárcel de cristal
escapando en lágrimas
y en el aire de un grito de rabia.
También he visto todos mis defectos a través de una lupa
y me he puesto una venda para no ver mis virtudes.
Y me he sentido tan inferior
que no he llegado ni a mi propia altura.
Cuando bajamos la guardia
somos nuestro peor enemigo.
Nos alimentamos de nuestras debilidades
y las convertimos en piezas
de nuestra coraza.
Que pesa en nuestro camino.
Que dificulta nuestros movimientos.
Que nos aleja del resto.
Ya tenemos bastantes enemigos
como para que sean liderados por nosotros mismos.
Y somos bastante nuestros
como para no querer ser ni un poquito del resto.
Porque si de algo estoy segura
es de que todo el mundo
ha sido,
puede ser,
o será
inseguro.
¿A qué has venido?
Tal vez hayas venido a saber un poco más de mí, a intentar averiguar qué cosas se pasan por mi mente.
Tal vez buscabas diversión, entretenimiento... o tal vez solo querías curiosear.
Tal vez has visto demasiadas letras, te has asustado y has cerrado corriendo este blog. En ese caso, adiós y gracias por haberte interesado en un primer momento. Siento si te ha decepcionado. Pero, si tal vez has entrado porque de verdad te interesa, si tal vez has querido quedarte y tal vez has leído los relatos que aquí se hallan, solo tal vez, haya conseguido despertar algo en ti. Gracias por darme la oportunidad de hacerlo.
Tal vez, Judith.
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