Venimos de mil decepciones.
De darlo todo y no recibir nada,
de llamar "amigo" a quien más tarde nos dio la espalda.
Venimos de otros brazos, de otras camas,
de otros labios,
de heridas cerradas y frentes abiertos.
De algunos cabos que no han sido atados,
de ilusiones rotas, de risas y miedos.
Venimos borrachos de amores de verano,
y de resacas que duraron varios inviernos.
De romper todo en mil pedazos
y arreglarlo en cien días
para convertirlo en recuerdos.
Venimos de recorrer muchos lugares,
y de perder mucho el tiempo.
De conocer gente a la que hoy desconocemos
y de comportarnos con ellos como animales.
Venimos de no soportarnos,
de tardar demasiado en aprender a querernos.
De la autoestima destruida,
la rabia y los celos.
Y de allá de donde venimos siempre algo nos traemos,
bien las ganas de volver, o bien las de perdernos.
Recuerda no olvidar el viaje que llevas hecho
para convertir el venir en ir y empezar a recorrerlo.
¿A qué has venido?
Tal vez hayas venido a saber un poco más de mí, a intentar averiguar qué cosas se pasan por mi mente.
Tal vez buscabas diversión, entretenimiento... o tal vez solo querías curiosear.
Tal vez has visto demasiadas letras, te has asustado y has cerrado corriendo este blog. En ese caso, adiós y gracias por haberte interesado en un primer momento. Siento si te ha decepcionado. Pero, si tal vez has entrado porque de verdad te interesa, si tal vez has querido quedarte y tal vez has leído los relatos que aquí se hallan, solo tal vez, haya conseguido despertar algo en ti. Gracias por darme la oportunidad de hacerlo.
Tal vez, Judith.
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