¿A qué has venido?

Tal vez hayas venido a saber un poco más de mí, a intentar averiguar qué cosas se pasan por mi mente.
Tal vez buscabas diversión, entretenimiento... o tal vez solo querías curiosear.
Tal vez has visto demasiadas letras, te has asustado y has cerrado corriendo este blog. En ese caso, adiós y gracias por haberte interesado en un primer momento. Siento si te ha decepcionado. Pero, si tal vez has entrado porque de verdad te interesa, si tal vez has querido quedarte y tal vez has leído los relatos que aquí se hallan, solo tal vez, haya conseguido despertar algo en ti. Gracias por darme la oportunidad de hacerlo.
Tal vez, Judith.

jueves, 14 de julio de 2016

Sonríe, que por eso nadie te cobra.

No conozco a nadie a quien le guste levantarse a diario a las cinco de la mañana para no volver a pisar su casa hasta las siete de la tarde. Tampoco conozco a nadie a quien le guste tener la espalda, las piernas o las manos destrozadas por su trabajo. Mucho menos aún conozco a alguien que esté feliz de hacer todo esto por un sueldo más que indigno. 

Seguro que tú sí conoces a muchas personas que encajen en esta situación. Es muy probable que hasta tú te encuentres en ella: corren tiempos difíciles en los que hay que seguir adelante cueste lo que cueste y en los que prácticamente hay que dar gracias por tener un trabajo por muy precario que sea. Puede que tu padre, tu madre e incluso alguno de tus abuelos se pase más de media vida haciendo algo que no le gusta, sin disfrutar de los suyos todo lo que le gustaría para que estos puedan tener un plato de comida en la mesa. 
Entonces, ¿por qué te comportas así?

¿Qué necesidad hay de despreciar a aquellos que simplemente están haciendo su trabajo? Todos queremos que el mundo sea un lugar mejor y aún no hemos aprendido que para que esto sea posible hacen falta dos cosas muy importantes: la educación y la empatía. ¿Cómo vamos a pretender que la gente se ponga en el lugar de aquellos que salen en las noticias a millones de kilómetros de distancia si no lo hacen ni con quien les sirve el café cada mañana al lado de casa? 

Cuando vayas a hacer la compra, recuerda que el sueño de esa chica que te ha atendido seguramente no fuera ser cajera.Tampoco se alegra de verte a ti ese chico que lleva toda la mañana recorriendo la calle a 40º de temperatura con una mochila cargada de publicidad. Esa operadora tras el teléfono ha estado escuchando gritos de gente como tú durante horas mientras gana una miseria y sus superiores se llenan los bolsillos sin que pueda hacer nada. 

Y dime, ¿qué te cuesta sonreír? ¿Acaso ya cobran por darle a alguien los buenos días de forma educada? Puede que hayas tenido un mal día, pero qué sabes tú si esa otra persona también lo está teniendo. No pongas la excusa de que no tienes un minuto para rellenar una triste encuesta sin antes recordar que esa persona lleva horas de pie. Es solo un minuto de tu vida, lo cual no es nada en comparación con todos los que seguramente desperdicias. La vida es muy dura para todos y qué menos que ayudarnos a hacerla más llevadera.

Así que mañana cuando vayas a comprar el pan regálale una sonrisa a quien lleva desde las 6 al lado de un horno. Cógele el panfleto al chico de la esquina. ¡No compres lo que te ofrece si no quieres, pero por cogerlo no te cobran! Y cuando quieran cobrarte por algo recházalo, puedes decir que no te interesa. Hazlo, yo también lo haría. Pero por favor, no mandes a la mierda al que no deja de ser el último peón de un tablero mucho más grande. 
Aún no cobran por las sonrisas, pero son muy enriquecedoras. Aprovéchalo.

Cambiar el mundo es muy complicado. Pero si hay que empezar por algo, es cambiándonos a nosotros mismos. Ya somos todos bastante esclavos como para esclavizarnos aún más los unos a los otros. 




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