Es curioso, nunca fuimos grandes amigas. Ninguna sabía mucho sobre la vida de la otra. No venías conmigo al colegio, y mucha era la suerte si te veía dos veces al año. Pero tengo que reconocer que los mejores recuerdos de mi infancia fueron junto a ti. Es la mayor sensación de libertad que he tenido nunca.
¿Recuerdas cuando encontramos aquel carro de la compra al que llamamos "Cacatúa" sin saber ni siquiera que en realidad era un pájaro? No le pegaría el nombre para nada, aunque como un pájaro me sentía cada vez que nos arrojábamos en él terraplén abajo. Formábamos un gran equipo cuando teníamos que luchar contra tu hermano o cualquier otro chico que se atreviera a molestarnos. Siempre conseguíamos controlar la espada láser, que nos otorgaba toda la fuerza que necesitábamos en nuestros juegos. Y, sobre todo, nos teníamos la una a la otra.
La penúltima vez que te vi, ya eras toda una mujer. Fue extraño. Llevábamos algunos años sin vernos, y tenía miedo de que me rechazaras, de que se hubiera perdido la magia. Pero no, aún quedaba esa complicidad, seguían dentro de nosotras esas niñas que un día fuimos.
Y de repente, todo se rompió.
Te costará creerlo, pero te juro que el día que me enteré de lo que te estaba pasando se me cayó el mundo encima. La niña asustadiza que un día fui volvió a salir temblando. Y ay, el día que todo se acabó, lloré no como una niña, sino como un bebé.
Hace ya dos años que te fuiste y te llevaste mi infancia contigo. Porque, para mí, ibais las dos de la mano. Ese día comprendí que hay mayores miedos que atravesar el monte en chanclas y que te pueda picar algún bicho. Que esta vez estaba sola, que no me llevarías más en la espalda para que no me pasara nada. Comprendí que los años pasan, y que el tiempo corre más que nosotros: nos guste o no, siempre va un paso por delante.
Ojalá no hubiera tenido que ser así la última vez que nos vimos.Toda aquella gente a la que llevaba años sin ver me decía lo mayor que estaba, que me había convertido en toda una mujer. Yo ese día no quería ser una mujer, quería volver a ser una niña, contigo. Pero no, nuestra infancia llevaba mucho tiempo marchita.
Hoy he recibido la noticia de que volveré allí en unos días, a nuestro campo. Qué distinto será todo: Cacatúa estará oxidado; no quedarán libros por ordenar; tú ya no estarás. Cómo pesan los recuerdos, y más cuando vienen en avalancha.
Te juro que aún no ha pasado ni un día que no te haya recordado. Que tú, y la niña que yo fui, seguís vivas en mí. Que te recordaré tal y como eras entonces: fuerte y valiente. Tal y como fuiste hasta el último día. Y que para mí, siempre serás eso, una gran heroína y compañera de aventuras.
Que allá donde estés, seas tan libre como un día soñamos ser.
He llegado a este blog por casualidad(no me preguntes muy bien como jaja) y me he mirado un par de cosas. La verdad es que tus líneas transmiten muchos sentimientos, por lo que veo escribes de uvas a peras ,como se dice por mi tierra, pero lo que escribes está muy bien.
ResponderEliminarUn saludo
Muchas gracias Antonio, es verdad que lo tengo muy descuidado, pero me sirve con que de vez en cuando alguien lo lea, aunque sea por casualidad, y se sienta identificado como mínimo en una línea. :)
EliminarBueno chica todos tenemos más cosas que hacer en la vida, pero si es un hobbie, te gusta o te desahogas al hacerlo pues adelante que eso es lo importante.
EliminarEfectivamente. Muchas gracias Antonio, eres muy majo, me gustaría hablar más contigo :)
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