Le tengo un cariño muy especial a este relato, ya que fue de los primeros que permití que la gente leyera y me siento muy orgullosa de él. Hoy, lo comparto con vosotros. Asistid conmigo a este funeral que espero no os deje indiferentes.
Hacía frío en la sala, más de lo
normal. Era bastante grande, lo cual estaba además realzado por la falta de muebles y el color claro que tintaba la mayoría de ellos. Apenas un par de sillones, alrededor de diez sillas y
una mesa con algo de comida ligera, café y zumo vestían la estancia. Esto
sin olvidar el elemento principal: un ataúd de madera de pino completamente
abierto se situaba en el centro de la sala.
A medida que pasaba el tiempo iban
llegando personas de todas las edades, pasando desde los más pequeños hasta los
más adultos. Algunos jóvenes lloraban; otros parecían enfadados; la mayoría miraban a la nada, preguntándose qué les deparaba el futuro. Eran las ocho y
media y cada minuto que pasaba parecía en realidad un año entero.
Un grupo de tres jóvenes decidió
salir a tomar el aire para soportar algo mejor la agonía. Fueron seguidos por
dos adultos y juntos se colocaron en la entrada exterior del tanatorio, en la
que ya llevaban un rato varias personas fumando para desahogarse de alguna
manera, charlando o simplemente esperando.
Una vez acomodados comenzó la
conversación entre ellos:
-Parece que esta vez ya se ha acabado
todo-decía uno de los adultos, concretamente un hombre que rondaría los
cincuenta años y vestía con una larga gabardina negra.
-Sí, en el fondo todos desde un
principio sabíamos que esto terminaría pasando. Era utópico pensar que tal y
como están las cosas podría seguir durante mucho tiempo-sentenciaba un
adolescente algo menos formal que el anterior adulto, pero también vestido
completamente de negro
.
-Eso no es cierto. Creo que todos
estaremos de acuerdo al afirmar que esto no ha sido un accidente ni algo que
estaba predestinado. Si hubiéramos luchado por ella y puesto todo de nuestra parte no
habría muerto-dijo con cara de rabia una joven de alrededor de veinte años con
coleta. Se la veía más madura que al anterior muchacho.
-Ya de nada sirve lamentarse. Claro
que todos sabemos bien que esto podría haberse evitado, pero lo hecho, hecho
está-dijo apenada una mujer mayor que derrochaba elegancia y clase.
Hubo un largo silencio. Las cinco
personas tenían las miradas en el suelo y los pensamientos fuera de la órbita
terrestre. Todos tenían las mismas dudas y el mismo pesimismo rondando sus
ideas. Cada vez más gente iba llegando al recinto del tanatorio, pues ya eran
las nueve menos cuarto de la mañana. Quedaban apenas quince minutos para la
triste despedida.
En nuestro principal grupo, la joven
que había mantenido silencio durante toda la mañana decidió romper el hielo y
buscar el lado bueno de la situación, pues cuando se sufre una pérdida siempre
se dice que hay que intentar pensar solamente en los buenos momentos.
-¿Recordáis la primera vez que la conocimos? A mí no se me va a olvidar nunca… apenas sabía
hablar cuando tuve un primer contacto con ella. Siempre me trató bien, y juntas
estábamos muy cómodas. Me entretenía, me comprendía, me enseñaba, dejaba volar
mi imaginación y siempre tenía respuestas para todo. A veces podía parecer un
poco pesada, incluso llegué a desear que saliera de mi vida. Hasta ahora
siempre habíamos crecido juntas, incluso ha pasado gran parte del tiempo en mi
casa, demostrándome que podía ayudarme estuviera donde estuviera.
A los cinco se les iluminó la cara
con estas palabras. Asentían y de manera
interior todos se identificaban con el discurso de la adolescente. Alguna
pequeña sonrisa comenzó a formarse en sus labios, pero pronto se desvanecía
cuando pensaban en lo que vendría a partir de ahora. Levantaron las cabezas al
unísono cuando vieron acercarse hacia la entrada a un numeroso grupo de niños
de no más de siete años, portando entre todos una enorme corona de flores rojas
colocadas de forma circular y en la que cuyo centro había una banda pintada de
llamativos colores, en la cual se notaba que las letras habían sido escritas
con los pequeños dedos de las manos de los niños. Rezaba descuidadamente a lo
largo de toda la banda un “Nunca te
olvidaremos”.
Este detalle hizo que tanto a los dos
adultos como a los tres jóvenes se les pusiera el vello de punta. Nunca habían
visto una escena así en su vida, con esa mezcla entre la inocencia y la
desilusión de tan solo unos niños que a partir de ese día iban a tener las
cosas más difíciles y probablemente ni siquiera eran conscientes de ello.
¡Pobrecillos, y estaban quejándose ellos que al menos habían podido disfrutar
de la compañía de la difunta durante casi todas sus vidas! Llevaban toda la
mañana viendo a pequeños que observaban extrañados la escena que esa mañana de
junio llenaba sus vidas, pero ni siquiera les había causado tanta sensación
como hasta ahora. Reflexionando sobre esto, el muchacho de negro se atrevió a
decir en voz alta lo que todos llevaban pensando mucho tiempo:
-¿Y ahora qué va a pasar?
Todos se miraron algo impactados por
la pregunta, pues aunque llevaban horas pensando la respuesta interiormente,
ninguno había dado con ella. Al fin el hombre de la gabardina mostró ante el
resto su opinión:
-Supongo que, como todos ustedes, yo
tampoco tengo las cosas claras. Se nos avecina un futuro muy incierto
con la falta de esta dama y probablemente sea malo. Muchas personas no podrán
asumir su falta, ni permitirse sustituirla por otras alternativas. Sin ella
crecerán las desgracias y a medida que vayan naciendo las personas estarán
condenadas desde su primer día hasta el último a ser solo autómatas de esta
sociedad. Muchas otras se verán completamente perdidas. Ella nos guiaba, nos
marcaba un camino, un futuro. Ahora solo puedo decir “sálvese quien pueda”.
Espero que al menos a los que hemos disfrutado de su compañía nos haya servido
de algo…
Sus palabras fueron interrumpidas.
Habían dado las nueve y entraron de nuevo al interior de la sala, llena ahora
de mucha más gente. A la cabeza del ataúd habían colocado la gran corona de
flores de los niños. Además, había sido adornado con dibujos y frases de los
más pequeños que a medida que pasaba el tiempo habían entrado en la sala. El
ambiente era tenso. Entre el silencio solo destacaba la respiración
entrecortada de los más sensibles que lloraban por la pérdida. Después de todo,
se acercaba el fin. El ataúd aún seguía abierto. Alguien se atrevió a echar un
vistazo hacia su interior. No había cuerpo, solamente una pila de libros que lo
llenaban al cien por cien.
Un grupo de personas entró en la sala
con paso decidido. Todos ellos vestían con traje. Iban enmascarados y por
dentro sus almas eran todas iguales: codiciosas, egoístas, hipócritas y
manipuladoras. Cerraron el ataúd de golpe, dispuestos a llevárselo para siempre, lo cual hizo que de uno de los
libros saliera volando un papel que alguien anónimo había escrito:
“Tal vez no hayamos luchado lo suficiente por ti, o tal vez no hayamos
sabido hacerlo. Aunque todos te necesitamos, pocos lo hemos reconocido, pero de
una forma u otra aquí estamos, todas las
personas metidas en el mismo saco. Si fuéramos unos años o incluso solamente
unos meses atrás en el tiempo para poder salvarte, apuesto a que mucha más
gente lo haría. Has sido el pasado, eres el presente y deberías ser el futuro.
Sin ti no seremos personas, sino máquinas. Resides en todas y cada una de las
mentes de esta sociedad. Duele saber que por culpa de la mayoría de nosotros
hoy te entierran los mismos que han sido los responsables en destruirte. Y
ahora... ¿qué nos queda? ¿Lamentarnos? ¿Llorar? No, yo no pienso hacerlo. Yo
voy a seguir luchando por recuperarte. Al igual que tú, yo vivo en el cuerpo de
cada persona, en cada mente, en cada corazón, pero, como a ti te pasaba, no
quieren hacer nada por usarme. Me ignoran me reprimen, se dejan guiar por sus
caprichos y no por lo que les conviene. Sí amiga, soy a lo que llaman
iniciativa y te prometo que desde ahora inundaré la mente de cada uno y te
reviviremos, entre todos y para todos, aunque para darse cuenta de mi presencia
tengan que pasar por grandes dificultades que ellos anteriormente han elegido.”
Querida
Educación, esto no es un “adiós”, es un “hasta luego”.
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