¿A qué has venido?

Tal vez hayas venido a saber un poco más de mí, a intentar averiguar qué cosas se pasan por mi mente.
Tal vez buscabas diversión, entretenimiento... o tal vez solo querías curiosear.
Tal vez has visto demasiadas letras, te has asustado y has cerrado corriendo este blog. En ese caso, adiós y gracias por haberte interesado en un primer momento. Siento si te ha decepcionado. Pero, si tal vez has entrado porque de verdad te interesa, si tal vez has querido quedarte y tal vez has leído los relatos que aquí se hallan, solo tal vez, haya conseguido despertar algo en ti. Gracias por darme la oportunidad de hacerlo.
Tal vez, Judith.

lunes, 12 de enero de 2015

"El réquiem de las ocho y media".

Le tengo un cariño muy especial a este relato, ya que fue de los primeros que permití que la gente leyera y me siento muy orgullosa de él. Hoy, lo comparto con vosotros. Asistid conmigo a este funeral que espero no os deje indiferentes.



Hacía frío en la sala, más de lo normal. Era bastante grande, lo cual estaba además realzado por la falta de muebles y el color claro que tintaba la mayoría de ellos. Apenas un par de sillones, alrededor de diez sillas y una mesa con algo de comida ligera, café y zumo vestían la estancia. Esto sin olvidar el elemento principal: un ataúd de madera de pino completamente abierto se situaba en el centro de la sala.

A medida que pasaba el tiempo iban llegando personas de todas las edades, pasando desde los más pequeños hasta los más adultos. Algunos jóvenes lloraban; otros parecían enfadados; la mayoría miraban a la nada, preguntándose qué les deparaba el futuro. Eran las ocho y media y cada minuto que pasaba parecía en realidad un año entero.

Un grupo de tres jóvenes decidió salir a tomar el aire para soportar algo mejor la agonía. Fueron seguidos por dos adultos y juntos se colocaron en la entrada exterior del tanatorio, en la que ya llevaban un rato varias personas fumando para desahogarse de alguna manera, charlando o simplemente esperando.
Una vez acomodados comenzó la conversación entre ellos:

-Parece que esta vez ya se ha acabado todo-decía uno de los adultos, concretamente un hombre que rondaría los cincuenta años y vestía con una larga gabardina negra.

-Sí, en el fondo todos desde un principio sabíamos que esto terminaría pasando. Era utópico pensar que tal y como están las cosas podría seguir durante mucho tiempo-sentenciaba un adolescente algo menos formal que el anterior adulto, pero también vestido completamente de negro
.
-Eso no es cierto. Creo que todos estaremos de acuerdo al afirmar que esto no ha sido un accidente ni algo que estaba predestinado. Si hubiéramos luchado por ella y puesto todo de nuestra parte no habría muerto-dijo con cara de rabia una joven de alrededor de veinte años con coleta. Se la veía más madura que al anterior muchacho.

-Ya de nada sirve lamentarse. Claro que todos sabemos bien que esto podría haberse evitado, pero lo hecho, hecho está-dijo apenada una mujer mayor que derrochaba elegancia y clase.

Hubo un largo silencio. Las cinco personas tenían las miradas en el suelo y los pensamientos fuera de la órbita terrestre. Todos tenían las mismas dudas y el mismo pesimismo rondando sus ideas. Cada vez más gente iba llegando al recinto del tanatorio, pues ya eran las nueve menos cuarto de la mañana. Quedaban apenas quince minutos para la triste despedida.

En nuestro principal grupo, la joven que había mantenido silencio durante toda la mañana decidió romper el hielo y buscar el lado bueno de la situación, pues cuando se sufre una pérdida siempre se dice que hay que intentar pensar solamente en los buenos momentos.

-¿Recordáis  la primera vez que la conocimos?  A mí no se me va a olvidar nunca… apenas sabía hablar cuando tuve un primer contacto con ella. Siempre me trató bien, y juntas estábamos muy cómodas. Me entretenía, me comprendía, me enseñaba, dejaba volar mi imaginación y siempre tenía respuestas para todo. A veces podía parecer un poco pesada, incluso llegué a desear que saliera de mi vida. Hasta ahora siempre habíamos crecido juntas, incluso ha pasado gran parte del tiempo en mi casa, demostrándome que podía ayudarme estuviera donde estuviera.

A los cinco se les iluminó la cara con estas palabras. Asentían  y de manera interior todos se identificaban con el discurso de la adolescente. Alguna pequeña sonrisa comenzó a formarse en sus labios, pero pronto se desvanecía cuando pensaban en lo que vendría a partir de ahora. Levantaron las cabezas al unísono cuando vieron acercarse hacia la entrada a un numeroso grupo de niños de no más de siete años, portando entre todos una enorme corona de flores rojas colocadas de forma circular y en la que cuyo centro había una banda pintada de llamativos colores, en la cual se notaba que las letras habían sido escritas con los pequeños dedos de las manos de los niños. Rezaba descuidadamente a lo largo de toda la banda un “Nunca te olvidaremos”.

Este detalle hizo que tanto a los dos adultos como a los tres jóvenes se les pusiera el vello de punta. Nunca habían visto una escena así en su vida, con esa mezcla entre la inocencia y la desilusión de tan solo unos niños que a partir de ese día iban a tener las cosas más difíciles y probablemente ni siquiera eran conscientes de ello. ¡Pobrecillos, y estaban quejándose ellos que al menos habían podido disfrutar de la compañía de la difunta durante casi todas sus vidas! Llevaban toda la mañana viendo a pequeños que observaban extrañados la escena que esa mañana de junio llenaba sus vidas, pero ni siquiera les había causado tanta sensación como hasta ahora. Reflexionando sobre esto, el muchacho de negro se atrevió a decir en voz alta lo que todos llevaban pensando mucho tiempo:

-¿Y ahora qué va a pasar?

Todos se miraron algo impactados por la pregunta, pues aunque llevaban horas pensando la respuesta interiormente, ninguno había dado con ella. Al fin el hombre de la gabardina mostró ante el resto su opinión:

-Supongo que, como todos ustedes, yo tampoco tengo las cosas claras. Se nos avecina un futuro muy incierto con la falta de esta dama y probablemente sea malo. Muchas personas no podrán asumir su falta, ni permitirse sustituirla por otras alternativas. Sin ella crecerán las desgracias y a medida que vayan naciendo las personas estarán condenadas desde su primer día hasta el último a ser solo autómatas de esta sociedad. Muchas otras se verán completamente perdidas. Ella nos guiaba, nos marcaba un camino, un futuro. Ahora solo puedo decir “sálvese quien pueda”. Espero que al menos a los que hemos disfrutado de su compañía nos haya servido de algo…

Sus palabras fueron interrumpidas. Habían dado las nueve y entraron de nuevo al interior de la sala, llena ahora de mucha más gente. A la cabeza del ataúd habían colocado la gran corona de flores de los niños. Además, había sido adornado con dibujos y frases de los más pequeños que a medida que pasaba el tiempo habían entrado en la sala. El ambiente era tenso. Entre el silencio solo destacaba la respiración entrecortada de los más sensibles que lloraban por la pérdida. Después de todo, se acercaba el fin. El ataúd aún seguía abierto. Alguien se atrevió a echar un vistazo hacia su interior. No había cuerpo, solamente una pila de libros que lo llenaban al cien por cien.

Un grupo de personas entró en la sala con paso decidido. Todos ellos vestían con traje. Iban enmascarados y por dentro sus almas eran todas iguales: codiciosas, egoístas, hipócritas y manipuladoras. Cerraron el ataúd de golpe, dispuestos a llevárselo para siempre, lo cual hizo que de uno de los libros saliera volando un papel que alguien anónimo había escrito:

“Tal vez no hayamos luchado lo suficiente por ti, o tal vez no hayamos sabido hacerlo. Aunque todos te necesitamos, pocos lo hemos reconocido, pero de una forma  u otra aquí estamos, todas las personas metidas en el mismo saco. Si fuéramos unos años o incluso solamente unos meses atrás en el tiempo para poder salvarte, apuesto a que mucha más gente lo haría. Has sido el pasado, eres el presente y deberías ser el futuro. Sin ti no seremos personas, sino máquinas. Resides en todas y cada una de las mentes de esta sociedad. Duele saber que por culpa de la mayoría de nosotros hoy te entierran los mismos que han sido los responsables en destruirte. Y ahora... ¿qué nos queda? ¿Lamentarnos? ¿Llorar? No, yo no pienso hacerlo. Yo voy a seguir luchando por recuperarte. Al igual que tú, yo vivo en el cuerpo de cada persona, en cada mente, en cada corazón, pero, como a ti te pasaba, no quieren hacer nada por usarme. Me ignoran me reprimen, se dejan guiar por sus caprichos y no por lo que les conviene. Sí amiga, soy a lo que llaman iniciativa y te prometo que desde ahora inundaré la mente de cada uno y te reviviremos, entre todos y para todos, aunque para darse cuenta de mi presencia tengan que pasar por grandes dificultades que ellos anteriormente han elegido.”

                    

                     Querida Educación, esto no es un “adiós”, es un “hasta luego”.

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