A todos nos gustaría vivir grandes aventuras como las que se
cuentan en los libros, pero no siempre son buenas. En ocasiones que la realidad
supere a la ficción puede llegar a ser una pesadilla.
Después de un duro mes de investigación, al fin, lo habían
conseguido. Un grupo de arqueólogos había encontrado casualmente en una
expedición por el desierto un papel doblado meticulosamente que entre sus
pliegues escondía lo que recientemente reconocerían como una hoja de periódico.
Era casi imposible entender lo que ponía, pues la mayor parte de las palabras
habían sido borradas con el tiempo y parecían haber sido escritas con gran
dificultad. Pero el trabajo había terminado. Cinco personas deseosas de conocer
los resultados de tanta investigación, muertos de la curiosidad por saber qué
historia se encontraría en aquel papel que por fin había podido transcribirse
al completo, se reunieron alrededor del que se disponía a leerlo. Echó una
ojeada por encima a lo que deducían que era una especie de carta o nota, y
comenzó a leer en voz alta para los demás que se encontraban impacientes:
Qué pensará de mí el que lea esta carta escrita a duras
penas con la pluma medio gastada que me regaló mi padre, esa que siempre me
gusta llevar conmigo para recordarlo y ahora estoy usando en un papel medio
roto y sucio que no sé ni cómo llegó a mi bolsillo. Pues todo tiene un motivo:
escribo porque me siento solo. Cuando este camino empezó, hará como mucho tres
semanas, éramos al menos 12 supervivientes. Ahora solo quedo yo, por lo que
necesito contarle lo que me vaya sucediendo a alguien, aunque sea al papel,
para sentirme un poco más acompañado y no terminar dándome por perdido ni por
muerto como el resto. Al menos así me aseguraré de que mantengo la cordura.
En el momento que decidimos empezar el camino en busca de la
salvación después del accidente no pensamos que sería tan complicado. Llevo
cinco días siguiendo mi propia dirección y cada vez me quedan menos esperanzas.
No hay ni rastro de gente, ni de vegetación, solo he podido toparme con algunos
insectos… y, por supuesto, ni rastro de agua. Me conformaría con unas gotas.
Los dos primeros días pude hacer uso de la pequeña cantidad que quedaba en la
cantimplora de las provisiones, pero fui un insensato gastándola toda, pensando
que encontraría aunque fuera una planta de donde poder sacarla.
Me muero de calor y la caminata me está matando. Empecé
recorriendo al menos cuatro kilómetros al día y ahora me cuesta poder hacer uno
solo. No sé qué direcciones tomar, ni cómo orientarme. A veces pienso que estoy
dando vueltas sin sentido, pero intento no rendirme. Todo sería mucho más fácil
si encontrara aunque fuera un triste charco.
El hombre que lo estaba leyendo paró por un momento para
mirar las expresiones de los que lo rodeaban. Todos tenían la mirada fijada en
él y esperaban con ansia a que siguiera leyendo. La historia cada vez los tenía
más cautivados a todos. Solo con pensar que era lo último que había hecho
alguien se les ponían los pelos de punta. Intentaban hacer memoria de algún
suceso o noticia sobre un posible accidente de avión en mitad de ese desierto
que hubiera dejado como único superviviente a su escritor. Solo querían seguir
sabiendo más. A medida que avanzaba, la
caligrafía de la carta original se volvía más incomprensible y difícil de
descifrar. El lector carraspeó y, sin pronunciar palabra, prosiguió su lectura
del borrador de la traducción.
Ha pasado un día y medio desde el último punto en el que
dejé el escrito, pero cada vez me faltan más las fuerzas y me cuesta continuar.
Hace un rato me pareció ver a lo lejos una fuente. Me recordaba mucho a una
enorme que había en mi parque favorito de cuando era pequeño, en la que me
gustaba empaparme junto a mis amigos en verano. Corrí hacia ella en cuanto la
vi, pero cada vez parecía estar más lejos. Cuando llegué al punto en el que se
suponía que debía estar, no hallé nada. Otra maldita alucinación. Ya me han
acosado unas cuantas en las últimas horas y estoy empezando a preocuparme. Para
colmo, tras la carrera que me he pegado bajo el calor abrasador hasta llegar a
la fuente, me encuentro aún peor. Creo que en estos momentos preferiría estar
muerto. Las pocas fuerzas que me quedan son para escribir y al menos poder compartir mi tortura con
alguien.
Nunca pensé que podría llegar a pasar todo esto… en ningún
momento de mi vida se me pasó por la cabeza que alguien podría encontrarse en
esta situación. Y sin embargo aquí estoy yo, viviéndola y muriéndola. No sé
cuánto más podré recorrer, pero llegue a donde llegue, que no se diga que no lo
he intentado.
Las caras de los oyentes cada vez tenían más muestras de
preocupación y ansiedad. A veces incluso costaba seguir escuchando o leyendo,
pero la curiosidad por saber cómo acababa la historia les hacía seguir
petrificados, esperando a que algo bueno pasara.
Hace unas horas reuní todas mis fuerzas para poder
continuar. No he dejado de andar ni de buscar la fuente de mi salvación,
literalmente. He comido un poco de pan que llevaba guardando durante todos
estos días para una emergencia y me he armado de valor. He sacado la energía de
todos los rincones de mi cuerpo y tengo buenas vibraciones…
¡MIERDA! Como en un principio pensaba, he estado dando
vueltas en círculo. Veo a lo lejos el edificio donde he vivido toda mi vida. El
barrio del que huí, mi barrio, en ruinas. Ya no aguanto más, esta situación
puede conmigo. Corre un poco de viento y un periódico llega hasta mis pies….
He subido a mi casa y me he acostado en lo que queda de mi
cama. ¿Qué mejor lugar para morir que donde he pasado tantos momentos de mi
vida?
No hay más texto en la carta. Todos en la sala quedaron
confusos y aturdidos. Corrieron a por el periódico que se encontraba envuelto
en el papel del escrito y rápidamente llamaron al traductor que se encargaba de
él. En él se podía contemplar la fotografía de una ciudad completamente
destruida. Parecía la primera página. El traductor leyó en voz alta:
“EL PAÍS ------- 13-8-2014”
Primero se miraron entre ellos. Acto seguido, dirigieron
todos sus ojos a la vez al calendario que había colgado en la sala, cuya fecha era 1-7-1456.
Bajo la foto de la portada, el trozo de noticia que se podía
leer decía…:
Después de varios años de aumento de la contaminación y del
derroche de materias primas por parte de la población, una terrible sequía
asola el planeta y ya ha comenzado a destruir numerosas localidades e incluso
ha puesto fin a la vida en algunos de los países del hemisferio sur. La
situación cada vez se agrava más y ya cuenta con desastres y muertes en el
hemisferio norte. Algunos científicos califican este hecho como lo que podría
ser el fin de la raza humana tal y como la conocemos, ya que la vegetación se
ha vuelto casi inexistente y cada vez es más imposible contar con aire de
calidad y agua con los que poder sobrevivir…

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