¿A qué has venido?

Tal vez hayas venido a saber un poco más de mí, a intentar averiguar qué cosas se pasan por mi mente.
Tal vez buscabas diversión, entretenimiento... o tal vez solo querías curiosear.
Tal vez has visto demasiadas letras, te has asustado y has cerrado corriendo este blog. En ese caso, adiós y gracias por haberte interesado en un primer momento. Siento si te ha decepcionado. Pero, si tal vez has entrado porque de verdad te interesa, si tal vez has querido quedarte y tal vez has leído los relatos que aquí se hallan, solo tal vez, haya conseguido despertar algo en ti. Gracias por darme la oportunidad de hacerlo.
Tal vez, Judith.

lunes, 12 de enero de 2015

"La carta"

A todos nos gustaría vivir grandes aventuras como las que se cuentan en los libros, pero no siempre son buenas. En ocasiones que la realidad supere a la ficción puede llegar a ser una pesadilla.


Después de un duro mes de investigación, al fin, lo habían conseguido. Un grupo de arqueólogos había encontrado casualmente en una expedición por el desierto un papel doblado meticulosamente que entre sus pliegues escondía lo que recientemente reconocerían como una hoja de periódico. Era casi imposible entender lo que ponía, pues la mayor parte de las palabras habían sido borradas con el tiempo y parecían haber sido escritas con gran dificultad. Pero el trabajo había terminado. Cinco personas deseosas de conocer los resultados de tanta investigación, muertos de la curiosidad por saber qué historia se encontraría en aquel papel que por fin había podido transcribirse al completo, se reunieron alrededor del que se disponía a leerlo. Echó una ojeada por encima a lo que deducían que era una especie de carta o nota, y comenzó a leer en voz alta para los demás que se encontraban impacientes:

Qué pensará de mí el que lea esta carta escrita a duras penas con la pluma medio gastada que me regaló mi padre, esa que siempre me gusta llevar conmigo para recordarlo y ahora estoy usando en un papel medio roto y sucio que no sé ni cómo llegó a mi bolsillo. Pues todo tiene un motivo: escribo porque me siento solo. Cuando este camino empezó, hará como mucho tres semanas, éramos al menos 12 supervivientes. Ahora solo quedo yo, por lo que necesito contarle lo que me vaya sucediendo a alguien, aunque sea al papel, para sentirme un poco más acompañado y no terminar dándome por perdido ni por muerto como el resto. Al menos así me aseguraré de que mantengo la cordura.

En el momento que decidimos empezar el camino en busca de la salvación después del accidente no pensamos que sería tan complicado. Llevo cinco días siguiendo mi propia dirección y cada vez me quedan menos esperanzas. No hay ni rastro de gente, ni de vegetación, solo he podido toparme con algunos insectos… y, por supuesto, ni rastro de agua. Me conformaría con unas gotas. Los dos primeros días pude hacer uso de la pequeña cantidad que quedaba en la cantimplora de las provisiones, pero fui un insensato gastándola toda, pensando que encontraría aunque fuera una planta de donde poder sacarla.

Me muero de calor y la caminata me está matando. Empecé recorriendo al menos cuatro kilómetros al día y ahora me cuesta poder hacer uno solo. No sé qué direcciones tomar, ni cómo orientarme. A veces pienso que estoy dando vueltas sin sentido, pero intento no rendirme. Todo sería mucho más fácil si encontrara aunque fuera un triste charco.

El hombre que lo estaba leyendo paró por un momento para mirar las expresiones de los que lo rodeaban. Todos tenían la mirada fijada en él y esperaban con ansia a que siguiera leyendo. La historia cada vez los tenía más cautivados a todos. Solo con pensar que era lo último que había hecho alguien se les ponían los pelos de punta. Intentaban hacer memoria de algún suceso o noticia sobre un posible accidente de avión en mitad de ese desierto que hubiera dejado como único superviviente a su escritor. Solo querían seguir sabiendo más.  A medida que avanzaba, la caligrafía de la carta original se volvía más incomprensible y difícil de descifrar. El lector carraspeó y, sin pronunciar palabra, prosiguió su lectura del borrador de la traducción.

Ha pasado un día y medio desde el último punto en el que dejé el escrito, pero cada vez me faltan más las fuerzas y me cuesta continuar. Hace un rato me pareció ver a lo lejos una fuente. Me recordaba mucho a una enorme que había en mi parque favorito de cuando era pequeño, en la que me gustaba empaparme junto a mis amigos en verano. Corrí hacia ella en cuanto la vi, pero cada vez parecía estar más lejos. Cuando llegué al punto en el que se suponía que debía estar, no hallé nada. Otra maldita alucinación. Ya me han acosado unas cuantas en las últimas horas y estoy empezando a preocuparme. Para colmo, tras la carrera que me he pegado bajo el calor abrasador hasta llegar a la fuente, me encuentro aún peor. Creo que en estos momentos preferiría estar muerto. Las pocas fuerzas que me quedan son para escribir  y al menos poder compartir mi tortura con alguien.

Nunca pensé que podría llegar a pasar todo esto… en ningún momento de mi vida se me pasó por la cabeza que alguien podría encontrarse en esta situación. Y sin embargo aquí estoy yo, viviéndola y muriéndola. No sé cuánto más podré recorrer, pero llegue a donde llegue, que no se diga que no lo he intentado.

Las caras de los oyentes cada vez tenían más muestras de preocupación y ansiedad. A veces incluso costaba seguir escuchando o leyendo, pero la curiosidad por saber cómo acababa la historia les hacía seguir petrificados, esperando a que algo bueno pasara.

Hace unas horas reuní todas mis fuerzas para poder continuar. No he dejado de andar ni de buscar la fuente de mi salvación, literalmente. He comido un poco de pan que llevaba guardando durante todos estos días para una emergencia y me he armado de valor. He sacado la energía de todos los rincones de mi cuerpo y tengo buenas vibraciones…

¡MIERDA! Como en un principio pensaba, he estado dando vueltas en círculo. Veo a lo lejos el edificio donde he vivido toda mi vida. El barrio del que huí, mi barrio, en ruinas. Ya no aguanto más, esta situación puede conmigo. Corre un poco de viento y un periódico llega hasta mis pies….

He subido a mi casa y me he acostado en lo que queda de mi cama. ¿Qué mejor lugar para morir que donde he pasado tantos momentos de mi vida?

No hay más texto en la carta. Todos en la sala quedaron confusos y aturdidos. Corrieron a por el periódico que se encontraba envuelto en el papel del escrito y rápidamente llamaron al traductor que se encargaba de él. En él se podía contemplar la fotografía de una ciudad completamente destruida. Parecía la primera página. El traductor leyó en voz alta:

“EL PAÍS ------- 13-8-2014”

Primero se miraron entre ellos. Acto seguido, dirigieron todos sus ojos a la vez al calendario que había colgado en la sala, cuya fecha era 1-7-1456.
Bajo la foto de la portada, el trozo de noticia que se podía leer decía…:


Después de varios años de aumento de la contaminación y del derroche de materias primas por parte de la población, una terrible sequía asola el planeta y ya ha comenzado a destruir numerosas localidades e incluso ha puesto fin a la vida en algunos de los países del hemisferio sur. La situación cada vez se agrava más y ya cuenta con desastres y muertes en el hemisferio norte. Algunos científicos califican este hecho como lo que podría ser el fin de la raza humana tal y como la conocemos, ya que la vegetación se ha vuelto casi inexistente y cada vez es más imposible contar con aire de calidad y agua con los que poder sobrevivir…

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