Que
las cosas no van bien es algo obvio. Tenemos que ver día tras día cómo se ríen
de nosotros en nuestra cara. Pero la culpa no es de ellos, no. Ellos son
demasiado listos. Nosotros somos los tontos. Los que permitimos que todo esto
esté pasando. Los que creemos que estamos en el futuro centrándonos en nuestros
smartphones y en el resto de tecnología mientras nuestros derechos y libertades
retroceden incluso siglos atrás. Demasiado centrados en lo que cuenta la
televisión, que más que “caja tonta” es “la caja QUE atonta”.
Puedes pensar
“no, yo no soy de esos, yo sé lo que está pasando a mi alrededor”. ¿Y qué pasa
con el resto? ¿Hasta qué punto vamos a estar aguantando? ¿A qué esperan? Somos
un país de gente dormida, gente que cree que todo es un sueño, o a lo sumo una
simple pesadilla que ya acabará con la llegada del día. Pero no, no va a
amanecer mientras nadie ponga el despertador. Y ese despertador no debería ser
esperar a que le afecte a alguno de tus familiares, a que pasen cosas más
graves, a que cada día más personas mueran de hambre, a que empiecen a ser los
niños, a que aparezcan los primeros bebés en cubos de basura y los primeros
cadáveres en cunetas; a que aumenten los suicidios, la desesperación, a que
cada vez más se vayan las ganas de vivir.
La situación en este país se ha
convertido en un “sálvese quien pueda… y quien tenga dinero”. Y cada vez es más
difícil… No es más patriota aquel que más orgulloso está de sus raíces, ni el
que más anima en un partido de fútbol o no se avergüenza de su bandera. Lo es
el que de verdad lucha por sacar adelante el sitio en el que vive, por el mismo
que han luchado sus abuelos y el que quiere que sea ideal para sus hijos.
Despertad
de la pesadilla antes de que sea ésta la que os haga despertar a vosotros.
Y de tono de despertador, elijo la revolución.
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